Se trata de Acento Restobar, un retaurante de cocina uruguaya-fusión-guatemalteca que abrió hace cuatro meses en el segundo nivel de una plazuela a la orilla del Bulevar Vista Hermosa.  
El lugar es pequeño, tiene más pinta de bar (de un bar en muy buen estado) y por su ubicación, ha tenido más éxito como una localidad tipo after office. La comida aporta a ese concepto, por ser casual y sin pretenciones, pero no por ello pierde el sabor y la creatividad, se asoma en cada platillo. Pizzas, mariscos, gnocchi, carpaccios, montaditos, tapas, "panchos" (hot dogs uruguayos), choripanes y el auténtico chivito uruguayo –sólo que con pan ciabatta, porque el que normalmente se usa, aquí no hay, explica el chef– son algunos de los platos que se ofrecen en el menú. De postre hay tres variedades de crepas dulces.

Llega a la mesa el primer plato –que al final supimos, fue nuestro favorito– : Mejillones a la Provenzale, una receta de Punta del Este, la ciudad más visitada en Uruguay, de donde proviene el chef de Acento. La textura es suave, están cocinados en su punto y tienen una sazón exquisita.



Después vino el Antipasto de Zucchini, servido en lascas finas, tipo carpaccio, ideal para quienes quieren compartir, picar algo ligero y saludable, que no llene demasiado. Este antipasto es ligeramente dulce, por la cebolla caramelizada, pero se balancea con las aceitunas, alcaparras y morrón, por lo que complace a paladares variados. Este y varios platillos en Acento se acompañan con sus famosos "pizzachos" –que buscan un nuevo nombre y se aceptan sugerencias, según el chef– que son una especie de nachos con forma de pizza, muy populares entre los comensales de Acento.
Después, vinieron los Tacos de Pescado con limón y rábano. Una refrescante mezcla de sabores para el paladar.



Por último, el platillo que desde el principio tuvimos en mente: el famosísimo Chivito Uruguayo preparado por un uruguayo de verdad.
Ya para este punto no dábamos más, pero nos esforzamos y comprobamos que un chivito no es un sándwich cualquiera. La mezcla del jamón con la carne, el tocino, el morrón, queso y la frescura del tomate y la lechuga, balanceados por el huevo duro, son una obra maestra. Es como el súper sandwich, que no le falta nada. Lastimosamente en Guatemala no existe ningún pan similar al que tradicionalmente se usa para hacer un chivito pero cada quien lo adapta a su manera y el chef de Acento decidió utilizar el ciabatta por su firmeza y crujiente cobertura, perfecta para que no se aguade con el contenido del chivito.



Posterior a todo este desfile de alimentos, llegó el chef a preguntarnos qué nos parecía la comida, a platicar con nosotros de la época en la que intentó crear un ambiente más agradable en los bares aledaños a las universidades y mejor se retiró, de los planes que tiene para este nuevo proyecto como Acento Restobar –un bar de tapas, ya que es el concepto gastronómico 2015–, de la importancia de utilizar productos locales y naturales provenientes del mercado, de los bares  de aroma que existen en otros lados del mundo, de política y de muchas cosas más. 
No le gusta posar para las fotos, así que, para este artículo lo retratamos en acción y con una distancia prudente.

"Mi comida no es light, pero es sana."

El chef Sebastián Bentos llegó a Guatemala hace cinco años, cuando en Uruguay lo "agarró la magia maya", una guatemalteca de la que se enamoró y por la que decidió venirse a vivir. "Están mis padres, un par de amigos y después el asado" dice el chef, que extraña la tira de asado porque no existe igual acá pero fuera de eso, todo y más lo encuentra en Guatemala. Su sabor centroamericano favorito es el loroco –que dice "es un sacrilegio no dorar"– y le siguen el sauco y el queso chancol.

​Es agradable conversar con él, parece que nunca se le acaban los temas de discusión, más difícil entre el aroma del delicioso café espresso Lavazza –¡Otra cosa que recomendamos muy seriamente de Acento!– pero tenemos que volver al trabajo, así que, agradecemos a nuestro amable anfitrión y nos vamos.