No sólo les brinda conocimientos, habilidades y herramientas de subsistencia básica, sino que también fomenta el desarrollo personal y les forja un carácter competente a nivel interpersonal o social, lo que forma parte de una educación integral. Además de ser un aprendizaje positivo en la vida de cada niña y niño, la participación en la labor doméstica, puede ayudar a aliviar tensiones y mejorar la convivencia en el ambiente familiar, por lo que resulta idóneo para la construcción de un hogar sano.
 
El problema suele ser que educar para la realización de las tareas domésticas necesita de una inversión de tiempo, paciencia y esfuerzo por parte de las madres y los padres. Y en muchas ocasiones, no se sabe cómo hacerlo atractivo para que los hijos lleguen a tener la iniciativa de participar, por lo que muchos hijos terminan percibiéndolo como un castigo y los progenitores, como una complicación mayor que hacerlo por sí mismos.
 
Según expertos en psicología, los niños y niñas pueden participar en ciertas labores, como recoger sus juguetes, desde que son capaces de agarrar y soltar objetos (alrededor de los 3 años). Confome van creciendo, se les puede ir asignando otras tareas como: tender su cama, poner la mesa, pasar la aspiradora, regar las plantas, escribir la lista del súper, ayudar a cocinar o a lavar los platos, etc. Lo importante es que las tareas sean acordes a su edad, nivel de madurez y se incorporen gradualmente.

Fotografía de NuChef
 
Los padres y las madres deben de ser el ejemplo, cultivar su paciencia y reforzar las actitudes positivas para que las niñas y los niños sientan reconocido cada esfuerzo que hacen, sabiendo que es parte de la vida cotidiana y de sus deberes, pero que lo hagan con el placer de sentirse útiles y capaces de aportar en pro del bienestar familiar.
 
La educación y, en general, la cultura japonesa promueve mucho la limpieza y el orden como principios individuales y colectivos, donde importa más el hecho de limpiar que encontrar al responsable de lo que se debe limpiar. Por eso, en la mayoría de colegios, son los niños y las niñas estudiantes quienes se encargan de la limpieza de todas las áreas que utilizan, basándose en los tres argumentos:
  1. La limpieza de tus alrededores es responsabilidad tuya.
  2. La limpieza de tus alrededores representa tu alma.
  3. La limpieza no es un castigo, es deber de todos.
 
Probablemente si nos hubieran educado con una filosofía similar, en el mundo occidental, todos haríamos el quehacer con placer, sin que nos pesara y transmitiéndolo de la misma manera a los más pequeños. Pero nunca es tarde, alguna generación debe comenzar.
 
Fotografías de dominio público.