Metodologías pedagógicas como el sistema Waldorf y el Montessori utilizan y recomiendan la enseñanza a través de la cocina y la creación de huertos, para que los estudiantes puedan comprender el proceso complejo que implica esa actividad cotidiana y absolutamente necesaria de la vida de todo ser: comer.
No sólo es una práctica divertida, que entretiene y promueve la buena nutrición y la salud en los más pequeños, también impulsa el desarrollo físico (motricidad y coordinación) , socio-emocional (habilidad, confianza e idependencia), cognitivo (curiosidad y capacidad de resolución de problemas) y del lenguaje (vocabulario y conversación).
 
La cocina en niños y niñas en la etapa preescolar, desarrolla específicamente:
  • Matemática: conceptos numéricos y sumas básicas, formación de patrones, medición y fracciones simples.
  • Ciencia: de la vida o biología (cultivar comida) y física (cambios de estado de la materia), así como hacer observaciones y predicciones.
  • Estudios Sociales: descubrir la importancia del trabajo agricultor comunitario y compartir recetas familiares.
  • Alfabetización: desarrollo del vocabulario y lenguaje de cocina.
  • Arte: creación de arte comestible e ilustración de/y con ingredientes frescos.

Sin embargo, hay que ser cuidadosos con los intrumentos de cocina que se utilizan y jamás dejar de supervisar a los pequeños, para evitar accidentes.
También es importante que las recetas sean adecuadas para la edad de los niños y niñas, tanto en nivel de comprensión, como en la habilidad motriz que implican. Se debe buscar ir acorde a los intereses del niño, la niña o el grupo en cuestión, para que se sienta(n) motivado(s) y el aprendizaje sea efectivo.
Todo lo que se realiza en la cocina o en el huerto, debe verbalizarse, dibujarse y discutirse para una integración real del conocimiento.
Otros valores que se deben promover es que los ingredientes y productos finales a realizar, sean locales, de temporada, accesibles y saludables, para promover los buenos hábitos desde una edad temprana.
 
Cocinar es una actividad nutritiva (en todo sentido) que puede realizarse tanto en la casa como en la escuela, promoviendo el vínculo social y el desarrollo personal para una vida plena.